Número 25, Viernes 22 de febrero de 2019. Sección Columnas

Descargar en PDF



Crítica a la colonialidad del poder y al eurocentrismo desde las perspectivas decoloniales

por Abdiel Rodríguez Reyes*

La conquista de Abya Yala en 1492 imposibilitó su recuperación, la población nativa fue liquidada en gran parte. Algunos huyeron de la guerra, del exterminio y de la esclavitud; las mujeres fueron violadas, algunos dicen sutilmente: damas de compañía para los amos blancos. Según el profesor del California Institute of Technology Philip Hoffman (2016), estos fueron elementos para el descenso demográfico y su imposible recuperación. Aunado, — por supuesto —, las enfermedades y la tecnología de la pólvora. Occidente no solo dominó mediante la fuerza a los sujetos (y su paisaje natural y artificial) de Abya Yala, también su gnosis, inoculó una visión moderna del mundo encubridora, subyugando así sus formas ancestrales de vida. Encubrieron al Otro y sus saberes milenarios. Muchos de estos problemas aún persisten, bajo nuevas formas y distintos signos. Las perspectivas decoloniales se abren paso ante la adversa modernidad capitalista.

 

Las colonialidades

La colonialidad del poder es una conceptualización propuesta por Aníbal Quijano a finales de la década de los ochenta. Es diferente al colonialismo, supeditado a la estructura de dominación y explotación. La colonialidad va más allá, interpela todos los ámbitos de la vida material y espiritual. Está intrínsecamente relacionada con la totalidad presupuesta en la modernidad capitalista. “La colonialidad […] se funda en la imposición de una clasificación racial/étnica de la población del mundo” (Quijano 2014, 285). El encubrimiento — como diría Enrique Dussel — de Abya Yala en y a partir de 1492 es fundamental en la constitución de la colonialidad. Uno de los aspectos trascendentes es que la colonialidad presupone solo una racionalidad valida y se expresa en la supuesta superioridad gnoseológica y epistemológica sobre el resto. En ese sentido, es muy curioso el libro del profesor de Harvard University Niall Fergunson: Civilización. Occidente y el resto. Dónde explica cómo Occidente pudo dominar el mundo demostrando su supremacía.

La colonialidad como patrón mundial de poder tiene como objetivo controlar las relaciones entre los seres humanos y la naturaleza (y el paisaje en general). Los pueblos aurorales de Abya Yala milenariamente conciben a la naturaleza como Pachamama, es decir, como la Madre Tierra. Versiones modernas más reciente — como las de James Lovelock (miembro de la Royal Society) —  ven a la Tierra como un organismo vivo; en línea eclesiástica el Papa Francisco escribió una encíclica titulada Laudato Si´, dónde la casa común, el Planeta, es central en la discusión sobre el futuro de la especie humana. La colonialidad del poder, en su concepción cuantitativista moderna instrumental, clasifica a los seres humanos según sus características fenotípicas, como objetos; también sus saberes y su entorno natural y artificial.

Por lo tanto, se puede cuantificar, explotar e investigar, por ejemplo, al Otro como un “objeto de estudio”. Sobre este último aspecto, Linda Thuiwai Smith realizó una crítica con meridiana claridad: “nos indigna que Occidente pueda desear, extraer y reclamar propiedad sobre nuestros modos de saber, sobre nuestro imaginario y sobre las cosas que creamos y producimos, y al mismo tiempo rechace a la gente que creo, desarrollo, esas ideas, y que busque negarles la posibilidad de continuar siendo creadores de su propia cultura” (Tuhiwai Smith 2016, 22). La arrogancia Occidental y su modo dominante se hermanaron para encubrir lo distinto.

La dominación se hizo mundial por las conectividades marítimas iniciadas a partir del encubrimiento de Abya Yala y del Mar del Sur. Esta dominación se llevó a cabo en todo los planos posibles. Se puede hablar con evidencias empíricas de una colonialidad del ser, en esta línea trabaja Nelson Maldonado Torres; del saber, Edgardo Lander; del género, María Lugones y de la naturaleza, Héctor Alimonda entre muchos otros y otras. Es necesario enfatizar en el trabajo colectivo como herramienta para tejer críticas y alternativas. Como resaltan Walter Mignolo y Catherine Walsh en On Decoloniaty (2018) la fuerza creativa de la resistencia y re-existencia es la potencia para la crítica y las alternativas factibles. En ese sentido, el pensamiento crítico que critica las colonialidades es revolucionario y, en cuanto revolución, como diría Walter Benjamin es un freno de emergencia ante el abismo de la modernidad capitalista (aumento de la huella ecológica, disminución de la biodiversidad y la creciente desigualdad extrema) y su patrón de poder: la colonialidad y sus distintos tentáculos.

 

La reproducción del eurocentrismo

Parafraseando a Edward Said, pareciera que el mundo está a disposición de Occidente y, ese mundo, no se puede resistir a ese discreto encanto. Pensadores de distintos locus coinciden con la necesidad de romper con el eurocentrismo, desde un Ngũgĩ wa Thiong'o en Kenia, Dipesh Chakrabarty en India y Arysteides Turpana en Panamá. El eurocentrismo toma unívocamente como referencia a Occidente descartando e instrumentalizando al resto. El eurocentrismo en sí no es un problema, lo es en cuanto encubrimiento. Y, más aún, su reproducción. El eurocentrismo encuentra sucursales a lo largo y ancho de todas las periferias. Así se expande el encubrimiento de saberes, de diversidades epistémicas (Boaventura de Sousa Santos habla de ecología de los saberes) enriquecedores del mundo. Así, se invisibilizan prácticas ancestrales, activismos disidentes que no corresponden con la ideología eurocéntrica.

El eurocentrismo, señaló Samir Amin, es una ideología deformadora, se presenta como universal, a pesar de Occidente ser una parte del todo. Es una totalidad impuesta ante una exterioridad en resistencia. Además de encubrir y apropiarse de los conocimiento periféricos, lo que se conocer como extractivismo epistémico. También nos advirtió Amin, “que el aparato conceptual del cual disponemos sigue siendo frágil” (Amin 2014,12). Lo cual es una realidad ineludible. La dinámica de Abya Yala  (los riesgos como diría U. Beck) nos interpelan al punto que, si pensamos desde nuestro locus no podemos obviar la crítica al eurocentrismo como un elementos medular de las perspectivas decoloniales para abrirse otros horizontes.

 

Hacia otros horizontes

En Asedios a la totalidad, Gandarilla señaló la necesidad de asegurar y reproducir la vida humana y no humana mediante un encare de-colonial. La preocupación inherente a nuestra propia existencia del riesgo de la modernidad no está dada. No hay conciencia al respecto. Por eso, es importante plantearse la descolonización. Ya no solo para los países poscoloniales de la periferia del Sur global, también países de Occidente se preocupan y exigen una descolonización, en esa línea podemos citar el trabajo de Galceran Huguet (2016) La bárbara Europa, quien señaló la necesidad del colonizador también a descolonizarse. Recientemente, según The Guardian, los estudiantes de Cambridge University exigían descolonizar la educación mediante los contenidos del currículo.

La crítica nos tiene que guiar por otros horizontes distintos al de la modernidad capitalista que nos tiene donde estamos. Los proyectos políticos, sociales y culturales (y hasta espirituales) que presuponen la modernidad, tienen como horizonte la colonialidad del poder, del ser, del saber, de la naturaleza y del género intrínseco. Para buscar otros horizontes, se necesitan otros principios, como aquel donde es obligación producir, reproducir y desarrollar la vida humana en el planeta y su paisaje en general (véase Dussel 1998) y otras categorías como la exterioridad propuesta por Levinas y Dussel. Con otros principios y categorías podemos pensar crítica, creativa y factiblemente.

 

Referencias

Amin, Samir. 2014. El eurocentrismo. Crítica de una ideología. México: Siglo XXI.

Bautista, Juan José. 2018. Dialéctica del fetichismo de la modernidad. Hacia una teoría crítica del fetichismo de la racionalidad moderna. La Paz: yo soy si Tú eres ediciones/comunidad "qollañan"/el taller de la descolonización.

Dussel, Enrique. 1998. Ética de la Liberación en la edad de la globalización y de la exclusión. Madrid: Trotta.

Fergunson, Niall. 2013. Civilización. Occidente y el resto. México: Debate.

Galceran Huguet, Montserrat. 2016. La bárbara Europa. Una mirada desde el postcolonialismo y la descolonialidad. Madrid: Traficantes de Sueños. Disponible en https://www.vientosur.info/IMG/pdf/18._subrayados.pdf

Gandarilla Salgado, José. 2012. Asedios a la totalidad. Poder y política en la modernidad desde un encare decolonial. Barcelona: Anthropos.

Hoffman, Philip. 2016. ¿Por qué Europa conquistó el mundo? Barcelona: Crítica.

Mignolo, Walter y Catherine Walsh. 2018. On Decoloniality: Concepts, Analytics, Praxis. Durham: Duke University Press.

Quijano, Aníbal. 2014. Cuestiones y horizontes: de la dependencia histórico-estructural a la colonialidad/descolonialidad del poder. (D. Assis Clímaco, Ed.) Buenos Aires: CLACSO.

Segato, Rita. 2015. La crítica de la colonialidad en ocho ensayos. Y una antropología por demanda. Buenos Aires: Promoteo.

Tuhiwai Smith, Linda. 2016. A descolonizar las metodologías. Investigación y pueblos indígenas. Navarra: Txalaparta.

 

 

* Investigador en el Centro de Investigaciones de la Facultad de Humanidades y profesor en el Departamento de Filosofía de la Universidad de Panamá.

 

 

Veces que han leído esta columna 

 


Cite este post:

Rodríguez Reyes, Abdiel.  2019. Crítica a la colonialidad del poder y al eurocentrismo desde las perspectivas decoloniales. Blog nuestrAmérica, 22 de febrero, sección Columnas. Acceso [día de mes de año]. http://blog.revistanuestramerica.cl/ojs/index.php/blognuestramerica/article/view/30

 

Enlaces refback

  • No hay ningún enlace refback.


Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

ISSN: 2452-4905

Visitas a nuestro periódico desde el 28 de diciembre de 2018: