Número 29, Sábado 23 de marzo de 2019. Sección Columnas

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Funcionamiento del ahormante de la colonialidad en la ‘Relación de las cosas de Yucatán’ de Diego de Landa

por Fernando Limeres Novoa *

 

“La Relación…de Landa en comparación con otros textos, por ejemplo la Historia general de las cosas de Nueva España de Sahagún (escrita entre 1540-1585) o la Apologética Historia Sumaria de Las Casas, destaca por su concisión. Sin embargo, Landa como Sahagún o Las Casas construye un texto híbrido en el plano del contenido de las materias abordadas. Organiza deductivamente el texto partiendo de lo general (el medio, la historia), para alcanzar la particularización focalizada en la cultura maya explicada desde su concepción colonizadora centrada en el catolicismo.

La tendencia a la enmendación constituye una particularidad del narrador respecto de las diversas materias y sucesos que como veremos será potenciado por la acción del ahormante. En efecto, el narrador se afana por corregir versiones erróneas de la realidad sustituyéndolas por lo que él considera la verdad, lo correcto. En este aspecto, el fragmento de apertura constituye un ejemplo de una modalidad intelectiva que prevalece en todo el relato. Otra particularidad consiste en el empleo de la conjunción que con valor expletivo opera como introductor discursivo en unidades de diversa modalidad, contenido y extensión. Un elemento determinado por el ahormante es la narración de la  historia de Gonzalo Guerrero, integrante de un contingente de náufragos:

“(…) Quedaron solos Gerónimo de Aguilar y Gonzalo Guerrero, delos cuales Aguilar era buen cristiano y tenía unas horas por las cuales sabía las fiestas. Y que éste se salvó con la ida del marqués Hernando Cortés, el año de 1519, y que Guerrero, como entendía la lengua, se fue a Chectemal, que es la Salamanca de Yucatán, y que allí le recibió un señor llamado Nachancán, el cual le dio a cargo las cosas de la guerra en que estuvo muy bien, venciendo muchas veces a los enemigos de su señor, y que enseño a los indios a pelear mostrándoles la manera de hacer fuertes y  bastiones, y que con esto y con tratarse como indio, ganó mucha reputación y le casaron con una muy principal mujer en que hubo hijos; y que por esto nunca procuró salvarse como hizo Aguilar, antes bien labraba su cuerpo, criaba cabello y harpaba sus orejas para traer zarcillos como los indios y es creíble que fuese idólatra como ellos” (Landa 2017, 106).

En este caso el ahormante de la colonialidad funciona como principio composicional de la diégesis de Guerrero. El narrador contrapone su historia como contrapunto de la de Aguilar. Ambos constituyen opciones frente a la civilización maya. Guerrero representa un caso de aculturación inversa al incorporarse a una cultura considerada bárbara y sobre todo pagana para la perspectiva de la época por lo que este, al tomar el partido de los bárbaros, no solo se convertía en un traidor a su patria, sino en un apóstata (como si en tiempos de la Reconquista se hubiese hecho musulmán). Su historia no se narra individualmente, sino en contrapunto a la del fiel Aguilar que retorna con los españoles y se convierte en intérprete de Cortés. El ahormante produce la construcción dual de la historia al modo del exemplum medieval dado que en definitiva para la perspectiva religiosa del narrador toda historia supone un mensaje moral. Efectivamente, la contraposición con Aguilar desmerece la opción de Guerrero y funciona como su contraejemplo enfatizando su carácter anómalo y extraordinario. En todo caso el narrador no pierde de vista nunca los efectos comunicativos de la narración, como tampoco sus implicaciones. En este sentido, el ahormante de la colonialidad establece dos actantes para una misma historia. Los actantes expresan la dualidad inherente a la focalización de la misma, pero también a los juicios que induce a los lectores.

Es necesario desde el principio dejar claro que Aguilar era buen cristiano. El ahormante como principio composicional y descriptivo establece para Guerrero un vacío enunciativo dado que ese juicio se lo deja a los lectores. Lo importante para la eficaz intelección es, más que condenar a Guerrero, elogiar a Aguilar. El otro punto en esta función compositiva-estructural del ahormante es postular la salvación del uno y correlativa perdición del otro. En efecto, Aguilar se salva al acudir donde Cortés, sin embargo, el narrador no enuncia la perdición de Guerrero, sino que postula un segundo vacío enunciativo dejando en suspenso tal valoración como implicatura o efecto de lectura del relato. De este modo el lugar salvífico es Cortés en tanto que la perdición radica en Chectemal y su espacio connotado de perdición y barbarie y, además, en el servicio que Guerrero brinda a Nachancán. Por consiguiente, todo el fragmento ha sido construido en los términos de estas polaridades que constituyen la naturaleza de la diégesis; antinomias que son producto de la estructura compositiva que revela la condición antinómica del locus enunciativo que es el ahormante de la colonialidad en el texto. En otras palabras, el ahormante organiza dicotómicamente los elementos de la diégesis. Su impronta axiológica en este caso se inscribe en la focalización de Aguilar en tanto que opera con una focalización muda o una significación vacía para el juicio sobre Guerrero cuyo caso se expresará en el sentido lato de una narración sin relieve, esto es, sin expresión discursivo-ideológica.

Otro punto importante es, luego de la descripción de su trabajo como instructor bélico en las huestes de Nachacán, el casamiento de Guerrero. En este punto el ahormante expresa su significación en el siguiente sintagma: le casaron con una muy principal mujer en que hubo hijos y que por esto nunca procuró salvarse como hizo Aguilar; antes bien labraba su cuerpo, criaba cabello y harpaba sus orejas para traer zarcillos como los indios y es creíble que fuese idólatra como ellos. Guerrero es para Landa un alienado y, como tal, no puede ser ejecutor de sus hechos: todo en él es pasividad a punto tal que el narrador no le adjudica ni siquiera el papel discursivo de ser sujeto de su propio casamiento (le casaron con una muy principal mujer).

En efecto, no cabe la construcción del matrimonio a partir de una libre elección de Guerrero, sino como una imposición de la comunidad indígena. Para el narrador la generación familiar de Guerrero constituye la causa por la cual deserta de la sociedad cristiana, aun cuando su excepcionalidad radica en haber percibido, por entre la densidad discursiva de los prejuicios de su época, una dignidad en la sociedad maya para la cual sus compatriotas estaban cegados. En esta dirección, la aculturación de Guerrero empieza en primer grado con su familia para concluirse en la asunción de los atributos propios del salvajismo. En tanto que el narrador articula la última contraposición con Aguilar que reitera la contraposición salvación/perdición y que por esto nunca procuró salvarse como hizo Aguilar (antes bien labraba su cuerpo, criaba cabello y harpaba sus orejas para traer zarcillos como los indios y es creíble que fuese idólatra como ellos). Bernal Díaz del Castillo construye un actante discursivo más natural (menos artificioso que el retrato de Landa). No solo refiere y construye en términos morales su historia, sino que incorpora en términos dialógicos el discurso de Guerrero y de su esposa (focalización inversa a la de Landa), lo que establece como resultado que lo extraordinario o anómalo no es la opción de Guerrero, sino el pedido por parte de Aguilar de que vuelva. Guerrero expresa las razones de su aculturación del siguiente modo:

(...) respondió el Guerrero: Hermano Aguilar, yo soy casado y tengo tres hijos. Tienenme por cacique y capitán, cuando hay guerras, la cara tengo labrada, y horadadas las orejas ¿qué dirán de mi esos españoles, si me ven ir de este modo? Idos vos con Dios, que ya veis que estos mis hijitos son bonitos, y dadme por vida vuestra de esas cuentas verdes que traéis, para darles, y diré, que mis hermanos me las envían de mi tierra. La mujer con quien el Guerrero estaba casado, que entendió la plática del Gerónimo de Aguilar, enojada con él dijo: Mirad con lo que viene este esclavo á llamar á mi marido, y que se fuese en mala hora, y no cuidase de más. Hizo de nuevo instancia Aguilar con el Guerrero, para que se fuese con él: diciéndole, que se acordase era cristiano y que por una india no perdiese el alma, que si por la mujer y hijos lo hacían que los llevase consigo, si tanto sentía el dejarlos. No aprovechó tan santa amonestación, para que el Gonzalo Guerrero (que era marinero, y natural de Palos) fuese con Gerónimo de Aguilar, que viéndole resuelto en quedarse, se fue con los dos indios de Cozumél (Cuzamil) al parage, donde quedó el navío” (Díaz del Castillo 2013, 136).

Por lo explicado, el fragmento de Díaz del Castillo constituye una reversión de la secuencia ahormada de Landa. El ahormante en Landa construye en el contexto de un texto monológico a un Guerrero pasivo e infravalorado en términos del suspenso de la censura de su comportamiento mientras que el texto de Díaz del Castillo organiza una representación menos artificiosa del actante así como de su deserción explicada en términos de humanidad. El ahormante de Landa nunca es empático, tampoco lo es el narrador de Díaz del Castillo, pero en su articulación textual se encuentra implicada la comprensión de la opción de Guerrero y no la censura.

 

Conclusiones

  1. El ahormante de la colonialidad se establece como parte del locus enunciativo de las relaciones de la colonización y de la conquista de América. Constituye una enunciación histórica presente en los textos en sus diferentes modulaciones, particularmente en las obras del siglo XVI.
  2.  El ahormante se define como un modus, es decir, un mecanismo de concepción y expresión de la ideología de la colonialidad plasmada en su configuración lingüística, específicamente en la dimensión semántica de los textos, esto es, en su capacidad de significación y de designación.
  3. Su acción se establece en todos los niveles. Particularmente en la selección de los contenidos de la diégesis, en el ordenamiento de la estructura externa e interna del relato, en la descripción de la naturaleza y la vinculación con la cultura de las civilizaciones autóctonas, en la prosopografía general de los naturales, en la alusión indirecta (autorreferencial a la propia cultura; destacando en primer plano discursivo, la impronta de los conquistadores y sacerdotes), en la calumnia interesada de los pobladores. Constituye un protocolo de recepción que establece la publicidad de un claro mensaje a favor de la iglesia y la Corona española, articulando una unidad entre el contenido y la expresión que le confiere al texto su naturaleza sígnica en relación significante respecto de sus particularidades intratextuales, pero también en relación designativa con el período histórico al que corresponde y el que constituye el contexto en el que se moviliza su sentido pleno.
  4. El ahormante se expresa mediante procedimientos diversos de modelización ideológica. Se manifiesta en la denotación, pero también en la connotación de los discursos.
  5. Es un principio de jerarquía comunicativa, una instauración monologal del discurso y una clausura de toda lectura crítica (caracteriológicamente cercana al verbum dei).
  6. En el nivel transtextual/pragmático, procura cimentar la legitimidad política/legal/espiritual de la conquista española y por tanto, su pleno dominio sobre territorios y civilizaciones americanas.
  7.  El concepto de colonialidad es parte intrínseca del ahormante (su punto de partida), pero también su efecto ulterior.
  8. El funcionamiento del ahormante de la colonialidad requiere una hermenéutica decolonial en su análisis que organice un sistema crítico e interpretativo que contextualice y explique sus operaciones de sentido en el corpus al  que la relación de Landa pertenece y ejemplifica, constituyéndose en un ejemplo elocuente.

 

 

 

 

Referencias

Diaz del Castillo, Bernal. 2013. Historia verdadera de la conquista de la Nueva España. Madrid: RAE.

Landa, Diego de. 2017. Relación de las cosas de Yucatán. Madrid: Alianza editorial.

 

 

* Profesor de literatura latinoamericana. Periodista. Investigador orientación: análisis decolonial de textos literarios. Ponente en diversos congresos de universidades americanas y europeas: Universidad de Vigo, Universidad de Salamanca, Universidad de La Sapienza, Universidad de York, Universidad del Salvador, Centro de la Memoria Haroldo Conti (Buenos Aires).

 

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Cite este trabajo:

Limeres Novoa, Fernando.  2019. Funcionamiento del ahormante de la colonialidad en la ‘Relación de las cosas de Yucatán’ de Diego de Landa. Blog nuestrAmérica, 23 de marzo, sección Columnas. Acceso [día de mes de año]. http://blog.revistanuestramerica.cl/ojs/index.php/blognuestramerica/article/view/34


 

 

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