Número 45, Miércoles 11 de septiembre de 2019. Sección Columnas

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46 años… Ni perdón ni olvido

por Ismael Cáceres-Correa*

 

Es complejo salir de la comodidad que ofrece la academia y mantener las manos pulcras cuando estamos frente a un hecho que marca hasta estos días la vida de un país. Parece ser que el espacio académico es aquel sitio en el que se olvidan los sentires populares privilegiando una visión aséptica respecto de nuestra historia. No puedo sentir más que desprecio por aquellas miradas que han convertido en un “objeto” el sufrimiento real, la desesperación, el desconsuelo de tantas y tantas personas que aún viven sin saber “dónde están”.

Me pregunto por qué causa tanto rechazo el compromiso con el dolor del pueblo ultrajado. Sería un embustero si tratase de negar que la memoria está muy presente en los espacios universitarios, por ejemplo, pero me estaría engañando si pensase que es la academia quien siente ese dolor y lo trata con la dignidad correspondiente. La fecha se conmemora, hablando del espacio académico, principalmente por estudiantes y algunas individualidades que están ahí no porque desde la institucionalidad se promueva la construcción de la memoria, sino porque desde otros espacios han llegado a la conciencia de la importancia que esta tiene.

Es posible que más de alguna persona piense que lo que he dicho hasta el momento es una obviedad. No se preocupe, siempre somos ignorantes en algo. Más lejos de lo obvio no se puede estar. Si pensamos que el espacio académico está separado del sentir popular es porque, justamente, eso se nos ha tratado de inculcar en las últimas décadas… Alguna vez se preguntó cómo se estaba pensando la educación antes del golpe de Estado o quienes estaban participando en la construcción de ella.

Se sabe muy bien que uno de los propósitos del gobierno del “compañero” Presidente era transformar la educación del país. En este proceso se implementaron mecanismos de participación que trataron de reproducir lo más abiertamente posible a la democracia (no liberal), siendo prueba de ello que uno de sus proyectos –el de la Escuela Nacional Unificada (ENU)- se construía a partir de reuniones a lo largo del país y con la participación directa del Sindicato Único de Trabajadores de la Educación (SUTE). Acá no se trató de que el Gobierno indicara cómo se haría la nueva educación, sino de cómo se construía la educación que queríamos. De este tema conozco una cantidad adecuada pues en Revista nuestrAmérica, ISSN 0719-3092, lo trabajamos en el año 2014 reeditando y comentando el único texto de estudio que creó el Gobierno (Sugerencias para la Alfabetización). Ahora la interrogante ¿por qué fue el único? Porque no se puede decir que se quiere construir en comunidad si se está prescribiendo cómo esa comunidad debe construir.

El golpe de Estado acabará con estas ideas y de ahí que nos parezcan –hoy- como algo que no se relaciona: el sentir del pueblo y el espacio académico. Ocurre que hoy al hablar de Escuela el problema parece ser técnico y se olvida por completo la dimensión ética. Se olvida que cuando se está pensando, viviendo y construyendo la educación lo que se hace está afectando directamente la vida de una persona que siente y que desea. Por ello, cuando pienso en estos grandes cambios truncados a fuerza de plomo y cuando veo que el dolor por las pérdidas de tantas vidas se convierte en una anécdota dentro de libros y discursos, no puedo menos que sentir un profundo rechazo y una enorme indignación.

Sentir lo que se dice, llorar la pérdida, envolverse con la impotencia del atropello a nuestra dignidad es demasiado complejo de asumir. Aun así pienso que esto se puede revertir si quienes hoy recuerdan lo siguen haciendo mañana. Si fuese de este modo, tendríamos un retorno a la idea de que la academia debe estar al servicio del pueblo, pero esto todavía se ve muy lejos. Por ello ni perdón ni olvido. Porque además de llevarse a nuestra gente se preocuparon de dañar a la que siguió en pie, porque se encargaron de atacar a nuestra clase, porque decidieron hacernos crecer en la desesperanza, porque nos saquearon, nos humillaron, nos desaparecieron, nos asesinaron.

La conciliación es propia de quienes desde su comodidad ven las cosas como si fuesen simples contenidos sin ninguna connotación en la vida cotidiana. Y es que salir de la comodidad que nos ofrece la academia en donde podemos manosear discursos que nos hacen quedar bien ante un grupo importante de personas, pero sin comprometernos en lo más mínimo con ello, es muy difícil. Lo importante será –siquiera es lo que considero- recordar que no siempre fue así y que sirve de nada hablar y hablar sin llegar a sentir esta pérdida.

Posiblemente he pecado de vehemente. Créame, hay temas en los que usted no puede guardar composturas.

 

 

 


* Es el editor jefe de Revista nuestrAmérica, ISSN 0719-3092 (Chile), y editor de Utopía y Praxis Latinoamericana, ISSN 1315-5216 / ISSN-e 2477-9555 (Venezuela). Coordinador general del Directorio de Revista Descoloniales y de Pensamiento Crítico Deycrit-Sur.

 

 


Cite este trabajo:

Cáceres-Correa, Ismael.  2019. 46 años… Ni perdón ni olvido. Blog nuestrAmérica, 11 de septiembre, sección Columnas. Acceso [día de mes de año]. http://blog.revistanuestramerica.cl/ojs/index.php/blognuestramerica/article/view/51


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