Número 47, Domingo 15 de septiembre de 2019. Sección Estudios

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Inmigración irlandesa en Chile: éxodo, realización y excepcionalidad

por Fabián Bustamante Olguín*

 


Soporte escrito de la entrevista realizada por la Embajada de Irlanda en Santiago de Chile, el día 06 de junio del 2019.


 

I

Los primeros irlandeses venidos a América Latina se registran ya desde la época de la conquista de América (1492), como parte de un continuado éxodo ante la ocupación británica de Irlanda, cimentando una búsqueda de realización irlandesa fuera de sus fronteras. El tránsito natural continuo entre los que iniciaron ese éxodo fue España. En efecto, ese tránsito es en gran parte como resultado de dos nudos que unían a ambos países: 1) tenían un enemigo en común, Inglaterra, 2) y se configuran socialmente bajo la matriz católica. Todo ello posibilitó la llegada de irlandeses que ofrecieron sus servicios a la corona española.

Cabe señalar que desde los tiempos de Enrique VIII, rey de Irlanda en 1541, el dominio británico supuso un descrédito social y económico para la nobleza local católica, algunos de ellos llegaron a ofrecer a Felipe II la Corona irlandesa en 1595. En ese mismo año, comerciantes se unieron a refugiados clérigos o estudiantes que llegaban a España en busca de la formación que les ofrecían los colegios de irlandeses de Salamanca, Santiago, Madrid o Sevilla. El propósito era conservar la tradición católica arraigada en los hijos de los nobles hibérnicos y proveer de misioneros al tiempo futuro, una vez vencido el dominador inglés. Agréguese que este marco de opresión aumentó en los años siguientes. Las restrictivas Penals Laws anticatólicas (Leyes Penales de 1695), limitaron el acceso a nuevas propiedades, recortaban derechos y la posibilidad de una carrera y de lucir signos propios de la nobleza. Estos elementos –junto a la política de atracción de la Corona española- propiciaron el flujo de irlandeses con destino a España (Chauca 2016).

Se podría decir, a partir de todo lo anterior, que el constreñimiento sufrido por los irlandeses en su propia patria, por parte de Inglaterra, abrió un horizonte de expectativas el cual estaba configurado fuera de Irlanda para realizarse como sujetos. En este sentido el concepto más apropiado –a mi juicio- es el de realización, es decir, estos irlandeses se hicieron a si mismos, y una de las vías para conseguirlo, sobre todo en el período colonial español, fue a través de lo militar, lo comercial y lo religioso.

En este contexto se sitúa la figura de Ambrosio Higgins, un irlandés que alcanzó un cargo importante dentro de la administración colonial. En efecto, él representa una continuación y ejemplo de una larga tradición de hombres irlandeses al servicio de la Corona hispana en Europa y en los dominios americanos del rey (Chauca 2016, 14). De alguna manera, Higgins demostraba que los irlandeses eran naturalmente capaces de llevar a cabo una organización efectiva y emprendedora y que no eran necesariamente inferiores (O’Beirne 2014, 109).

De acuerdo con esto, los irlandeses supieron, gracias a una estrategia meritocrática, incrustarse en los círculos de poder tanto en España como en las Indias. Ejemplos de una nómina muy extensa son Ricardo Wall, Félix O´Neill, Alejandro O´Reilly y Ambrosio O´Higgins, irlandeses al servicio del rey en los diferentes escenarios de la Monarquía Hispánica y que comparten, pautas de origen y méritos como oficiales del ejército que permiten establecer un modelo del triunfo irlandés que concluía en la alta administración de la militarizada monarquía borbónica (Chueca 2016, 45).

Ambrosio O´Higgins, en todo caso, representa el arquetipo del funcionario meritocrátrico, necesario para la ejecución de las reformas borbónicas (1700-1788), que, como hemos visto, asciende lentamente dentro de la jerarquía colonial (Zavala y Payás 2005, 106).

Por su parte, la pequeña cantidad de irlandeses que llegaron a Chile dejaron su influencia en la historia republicana por su participación en las campañas militares: John Garland, un oficial de caballería de la Orden de Santiago; y John Clark, un ingeniero que trabajó en la construcción del ferrocarril andino.

También se podría incluir como “aporte irlandés” a la causa independentista al hijo de Ambrosio: Bernardo O´Higgins, hijo del virrey e Isabel Riquelme. Su padre Ambrosio nunca lo reconoció como su hijo (de lo contrario perdía, según la legislación española, su posición de poder en la administración colonial), y su madre tampoco, puesto que significaba una vergüenza para sus padres. Todo ello determinará su personalidad en la vida adulta para siempre. La ausencia del padre, en este caso, era algo bastante común en el Chile de este período. De ahí proviene el término huacho para referirse al “hijo ilegítimo” (Montesino 2007).

No obstante ello, O´Higgins escondió su condición de “huacho”, de su crianza campesina y su apellido materno. Pese a ello, es considerado como “héroe” de la patria, una etiqueta discutible, puesto que nunca tuvo buenas aptitudes militares (aunque sí fue un militar valiente). Recordemos que Bernardo O´Higgins era agricultor, poseía terrenos en Las Canteras, sin embargo las circunstancias propias del contexto de una revolución de independencia lo impulsaron a unirse a la causa patriota.

 

II

Luego viene una segunda etapa de realización, a finales del colonialismo español y comienzo de las nuevas repúblicas latinoamericanas, caracterizada por un contingente de irlandeses participando en las guerras de independencia, tanto en el bando realista como patriota. Estas guerras de independencia –digamos, entre paréntesis-, fueron guerra civiles, es decir, guerras entre “chilenos” que luchaban en ambos lados, realistas y patriotas. En el caso de Chile, Juan MacKenna, un soldado al servicio del imperio español, gobernador de Osorno 1897-1899 y posteriormente líder en la lucha por la independencia. También otros irlandeses que lucharon en este acontecimiento fueron Carlos María O'Carrol (perteneciente al ejército británico y que llega a Chile en 1818 para luchar en el bando patriota), John O'Brien y Stanislaus Linchar.

En virtud de lo anterior, en la construcción de los estados latinoamericanos (1825-1850) los irlandeses que llegan a América Latina, y en particular Chile, lo hacen vía Inglaterra, que dominaba el comercio exterior latinoamericano, y los irlandeses se identificaban más con este gran imperio a lo largo del siglo XIX. Comparto la tesis del lingüista hiberno-argentino, Edmundo Murray (2006), que sostiene que el núcleo de los irlandeses al llegar a América Latina se identificó con Inglaterra. Ello, en efecto, por dos razones: primero, el irlandés aparecía como inmigrante pobre, el inglés como acomodado; segundo, la cultura local generalizaba y todos los de habla inglesa eran de esa nación, sin atender a las diferencias nacionales (muy profundas, por cierto), ya que todos provenían de las islas británicas (Graham-Yool 2002, 12). Y agregaría, además, que la identificación irlandesa con Inglaterra, con ese vasto y poderoso imperio, facilitó a los irlandeses a insertarse rápidamente en las elites locales latinoamericanas. Al menos en América Latina, a mi juicio, lo “irlandés” es sinónimo de “blanco” y “civilizado”, tiene una antecedente importante en la arquitectura societal desde la colonia en adelante, configurando una mentalidad de casta en el período de construcción de los estados-nación latinoamericanos (Del Pozo 2002). Ello, en efecto, facilita la inserción de los irlandeses hacia las capas superiores de la sociedad, al menos en lo que respecta a Chile.

De acuerdo con esto, el historiador chileno Gabriel Guarda aporta otros elementos interesantes para el período 1820-1850 en la zona sur de nuestro país. Según sus datos se registraron siete matrimonios entre varones irlandeses y mujeres de la elite criolla del sur. Los irlandeses, señalados por Guarda, fueron: Timothy Cadagan, James Glover, James Hogan, John MacKenna, Peter Smith, William Taylor y Charles Emanuel Webar (Guarda 2006, 674).

 

III

Antes de abordar el intento de repoblar la ciudad de Osorno con irlandeses, en el marco del proyecto del virrey Ambrosio O´Higgins (1796-1801), hay que señalar antes algunos elementos importantes. El territorio que hoy se conoce como Chile, en el período colonial, fue siempre un territorio de poco interés para la administración colonial, en general, debido a su lejanía, pocos recursos naturales y además por su carácter de territorio de frontera (en particular la zona al sur del río Biobío). Desde 1610 hasta 1860, aproximadamente, hay una cultura de frontera, el cual permitió la convivencia pacífica entre españoles y mapuches (y después de 1810 con el estado-nación chileno) en la zona de la Araucanía. Ello no significa que no existiesen conflictos (guerras de rapiña, guerras de malocas, rapto, etcétera). Hay una relación de frontera basadas en una precariedad que en cualquier momento puede tensionar y generar conflictos. De este modo la relación de frontera no se constituye como expresión consensuada entre las partes, sino más bien por la incapacidad de ambas de establecer una hegemonía. Es por esta razón que el territorio chileno fue considerado un territorio indómito por las tensiones en la zona de la frontera del Biobío.

En este marco, los irlandeses tuvieron una posición en defensa del indígena por su condición como agentes del reformismo ilustrado y su pragmatismo en la gestión fronteriza, revalorizaba los territorios de frontera en los que la ayuda nativa resultaba crucial frente a potencias europeas, la explotación de los recursos y las ventajas del tráfico comercial. Las reformas indianas relanzaron la tradicional política española, buscando definitivamente su participación efectiva en un proceso con el cual muchos irlandeses se hallaban directa y personalmente comprometidos. Ambrosio O´Higgins reflejaba fielmente esta visión llevando al plano práctico sus propuestas. Con la abolición definitiva de las encomiendas en Chile (1791), pensaba que además de favorecer la pacificación de la frontera, engrosaría las entradas de la Real Hacienda mediante rentas y tributos (Chauca 2016, 40).

Al respecto, Zavala y Payás (2006) sostienen que su origen irlandés, perteneciente a una familia castigada por la colonización británica, su origen irlandés, coloca una pista sobre su posición personal ante la cuestión indígena.

En este marco se configuraron parlamentos para mejorar la calidad de las relaciones entre el Estado y los pueblos de la tierra. Consistían en reuniones en las cuales se encontraban los representantes de la Corona de España (por lo general, las autoridades del Reino de Chile o del Virreinato del Río de la Plata) con los principales loncos y toquis de los Butalmapus mapuches, pehuenches y/o pampas, entre otros grupos. Entre los principales artífices de estos acuerdos figuraba Ambrosio O´Higgins, gobernador de Chile, y don Francisco Amigorena, Comandante de Armas de Mendoza. O´Higgins, en efecto, presidió los parlamentos de 1784 y 1793.

Por otra parte, Ambrosio O'Higgins, trató de refundar la ciudad de Osorno con irlandeses, criollos e indígenas para que vivan pacíficamente y así conducir una economía basada en molinos harineros, hilanderías y curtiembres. El deseo de O'Higgins era construir un moderno centro industrial y por eso envió a sus compatriotas (la mayoría de los artesanos) para cambiar las supuestamente supersticiosas y mentalidad moderna de los habitantes nativos del lugar con el propósito declarado que los irlandeses les enseñarían algo de comercio. Con ese fin contó con la ayuda de otro irlandés, John McKenna, quien se convertiría en gobernador de Osorno.

Para el 15 de septiembre de 1798, los primeros quince irlandeses llegaron a la ciudad de Osorno. Carpinteros: Thomas Robertson, John Knitht [¿Knight?], Charles Bider, Robert O'Keepe [O'Keefe?], Charles Beaver; Herreros: John Green, James Glover, John Titson, John Ornsbi [Hornsby?]; Curtidores: John Waterson, John Web [b?]; Escultores: Daniel Cloghan; Zapatero: Peter Smith; Muchachos: James Wakeman, John Lervis [Jervis?]. En noviembre de 1798, un nuevo grupo llegó a la ciudad. Albañiles: Thomas Sullivan; Carpinteros: Charles Badder; Trabajadores del metal: Richard Mills; Zapateros: George Johnson; Tejedores: William Conoly [¿Connolly?]; William Waito; Sastres: William Nial [Neal?]; Tejedores: John Nelegan; Trabajadores: Henry Graham; Carpinteros: Thomas O'Donovan, Abraham Thorn (AN, 225, 226 y 227).

 

Carpinteros

Herreros

Curtidores

Toneleros

Zapatero

Muchachos

Tomás Robertson

Juan Green

Juan Waterson

Daniel Cloghan

Pedro Smith

Jaime Wakeman

Juan Knitht

Jaime Glover

Juan Web

Juan Lervis

Carlos Bider

Juan Titson

Roberto O´Keepe

Juan Ornsbi

Carlos Beaver

 

 

 

 

 

 

Albañiles:

Carpinteros:

Aferradores:

Zapateros:

Tejedores:

Tomás Sullivan.

Carlos Badder.

Ricardo Mills.

Jorge Johnson.

Guillermo Conoly;

 

 

 

 

Guillermo Waito

 

Sastres:

Toneleros:

Labradores:

Carpinteros:

Guillermo Nial.

Juan Nelegan.

Enrique Graham.

Tomás O'Donavan;

 

 

 

Abraham Thorn.

 

Empero, las buenas intenciones de O'Higgins de construir una ciudad industrial fracasaron. Los motivos fueron la indolencia de los chilenos hacia el trabajo, y la borrachera de los irlandeses, que facilitó la salida de estos últimos hacia la capital virreinal, Lima. También la zona geográfica, envuelta en una zona territorial mapuche, de conexión lejana con Santiago, pudo haber catalizado la salida de algunos de ellos, ya que, por cierto, no todos regresaron al virreinato. Con el fin del gobierno de John MacKenna, el sueño de O'Higgins llegó a su fin. Osorno posteriormente caería en una profunda crisis económica que sería recuperada con la llegada de inmigrantes alemanes a la zona en la segunda mitad del siglo XIX.

Por otro lado, un censo realizado por la administración colonial española en 1808-1809 identificó a cinco irlandeses viviendo en la Capitanía General de Chile, entre los cuales se cuentan: en Santiago un irlandés llamado Mark Lozet, llegado desde la fragata corsaria Cornoals, de profesión cantero o albañil; William Luns, habitante de la ciudad de Talca, proveniente de la fragata Lobera, de oficio botero, vivió en Talca; Charles O'Hega [n], habitante de Talcahuano, llegado al país en la fragata inglesa “Ceres”, de profesión navegante y carpintero (Bravo Acevedo 1991, 31-40); y por último, en Valdivia, residen James Hogan y Peter Smith; el primero fue contratado por el Batallón de Infantería Valdivia, el 2 de marzo de 1807, y el segundo llegó a bordo de la fragata ballenera “Júpiter”, apresado en Valparaíso en 1797 desde donde regresó a Lima, y luego a Osorno. En esta ciudad no recibió tierra porque era soltero, así que se estableció en Valdivia dedicándose a la fabricación de zapatos (Bustamante Olguín 2008).

 

IV

La descrita experiencia breve de establecimiento de irlandeses en Osorno, al menos, dejó un vestigio de una intención del virrey del Perú, Ambrosio O´Higgins, de convertir a una minúscula ciudad –Osorno- en una zona industrial. Lamentablemente distintos factores determinaron su imposibilidad.

Por otra parte, la llegada de inmigrantes irlandeses en Chile fue aislada; no alcanzó los niveles de Argentina. En ese sentido uno de los encuadres para analizar el legado irlandés en nuestro país es la genealogía. Existen apellidos en Chile como O´Ryan, Evans, Aylwin, entre otros, que provienen de Irlanda, pero que, como decíamos en páginas anteriores, sus antepasados pertenecían a Gran Bretaña. El desafío, por tanto, es indagar en la genealogía para rastrear la génesis del ímpetu por la realización de sus antepasados en nuestro país y cómo ello trasciende intergeneracionalmente.

Un caso excepcional de incursión irlandesa en Chile fue William Cunningham Blest, médico, que se diferenció del resto de las anteriores venidas de sus antepasados, puesto que provenía de la aristocracia irlandesa con orígenes protestantes, y estudió medicina en la Universidad de Edimburgo. Blest llegó a Chile en 1824, ejerció la medicina y fue autor del informe titulado “Observación sobre el estado de la medicina en Chile”. Fue diputado por la ciudad de Rancagua, entre los años 1831 a 1834, y tuvo una notable participación en la creación de la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile, el 17 de abril de 1833, durante el gobierno de Joaquín Prieto (1831-1841) (Coo Lyon 1974, 19).

Digamos, entre paréntesis, que los otros hermanos de William, Andrew y John, arribaron un año antes a nuestro país. Los registros documentales señalan que Andrew fundó la primera cervecería en Valparaíso y contrajo matrimonio con María de la Concepción Prats Urízar, mientras que John se estableció en Valparaíso y practicaba la medicina. Este último posteriormente emigró a la ciudad de Arequipa, Perú, contrayendo matrimonio con María Faustina Zavala.

Así, entonces, William Blest se casó (por primera vez) con María de la Luz Gana y López, en Santiago, el 21 de marzo de 1827. Tres de sus siete hijos de ese matrimonio fueron distinguidos hombres de letras e importantes para la literatura chilena como el poeta Guillermo Blest Gana, del escritor y diplomático Alberto Blest Gana, conocido por su obra Martín Rivas, y Joaquín Blest Gana, periodista (Bustamante Olguín 2008).

Quisiera señalar, por último, que la inmigración irlandesa en Chile –desde mi punto de vista-, podría ser aglutinada bajo la caracterización de los conceptos éxodo, realización y excepcionalidad, con una orientación ocasional, pero que de todas formas legó un ímpetu de realización, personificado en una serie de apellidos que nos direccionan, de vez en cuando, hacia el país del verde eterno de sus campiñas.

 

 

Referencias

Archivo Nacional. (Volúmenes 225, 226 y 227) Fondos Varios.

Bravo Acevedo, Guillermo (ed.). 1991. Expediente formado para averiguar los extranjeros que reciden en el reyno. Santiago de Chile: Instituto O'Higginiano.

Bustamante Olguín, Fabián. 2008. “Irish Immigrants and their Arrival in Chile: The Case of Dr William Blest Maybern”. Irish Migration Studies in Latin America 6(3): 177-80.

Chauca, García, Jorge. 2016. José de Gálvez, mentor del irlandés Ambrosio Higgins en España y América. Málaga: Servicio de Publicaciones y Divulgación Científica de la Universidad de Málaga.

Coo Lyon, José. 1974. “Familias extranjeras en Valparaíso durante el siglo XIX”. Revista de Estudios Históricos XXVI(19): 13-37.

Graham-Yool, Andrew. 2002. Presencia británica en la Argentina. Buenos Aires: Taurus.

Griffin, Arturo. 2006. “Conquistadores, soldados y empresarios: presencia irlandesa temprana en Chile”. Irish Migration Studies in Latin American 4(4): 216-20.

Guarda, Gabriel. 2006. La sociedad en Chile antes de la colonización alemana; Valdivia, Osorno, Río Bueno, La Unión: 1645-1850. Santiago de Chile: Ediciones Universidad Católica.

Montesino, Sonia. 2017. Madres y huachos. Alegorías del mestizaje chileno. Santiago: Editorial Catalonia.

Murray, Edmundo. 2006. Devenir Irlandés: narrativas íntimas de la emigración irlandesa a la Argentina (1844-1912). Buenos Aires: Eudeba.

O’Beirne Ranelagh, John. 2014. Historia de Irlanda, 3a. edición. Madrid: Ediciones Akal.

Pozo, José del. 2002. Historia de América Latina y del Caribe. Santiago: LOM Ediciones.

Zavala, José Manuel y Gertrudis Payá. 2015. “Ambrosio O´Higgins y los parlamentos hispano-mapuches, 1771-1803: Política indígena, escritura, escritura administrativa y mediación lingüístico-cultural en la época borbónica chilena”. Memoria Americana 23(2): 103-36.

 

 

* Historiador. Doctorando en Sociología, Universidad Alberto Hurtado, Chile. Profesor en Estudios Transversales en Humanidades para las Ingenierías y Ciencias (ETHICS), Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile.

 

 


Cite este trabajo

Bustamante Olguín, Fabián. 2019. Inmigración irlandesa en Chile: éxodo, realización y excepcionalidad. Blog nuestrAmérica, 15 de septiembre, sección Estudios. Acceso [día de mes de año]. http://blog.revistanuestramerica.cl/ojs/index.php/blognuestramerica/article/view/53


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ISSN: 2452-4905

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